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Viñas Viejas

¿Por qué importan?

Argentina es un reservorio global de viñedos antiguos, genéticamente diversos y a pie franco (sin injertar), un factor clave en la calidad y carácter de sus vinos. La misión de preservar las viñas viejas de Mendoza descansa sobre tres pilares fundamentales que trascienden los aspectos técnicos de la agricultura:

Sentimental
y ético

Una viña vieja es un ecosistema completo, una comunidad robusta de insectos, aves, hongos y microbios que han coexistido durante años.

Como un artesano experimentado, una vid vieja tal vez produce menos fruta, pero es un ser vivo de carácter irreemplazable, que contiene el conocimiento acumulado del suelo, el clima y las manos que la cuidaron durante décadas.

Cultural

Los antiguos viñedos de Mendoza son una fotografía de la vitivinicultura preindustrial.

Contienen selecciones masales prefiloxéricas que son vínculos vivos con nuestro patrimonio compartido. Mantenerlos es crucial para preservar una historia que, una vez arrancada la viña, se pierde para siempre.

Genético

La diversidad genética preservada en estas viñas viejas es un banco esencial para el futuro de la viticultura.

En un mundo donde los viñedos modernos son cada vez más uniformes, la biodiversidad es un recurso crítico. La mayoría de los viñedos de viñas viejas en Argentina se plantaron con selecciones masales, no con clones uniformes, lo que da como resultado una alta diversidad genética entre las plantas.

Frente al cambio climático, genes que permiten maduración más tardía o mayor resistencia a la sequía podrían ser vitales. En palabras del investigador sudafricano Etienne Neethling: «El Nuevo Mundo podría salvar al Viejo Mundo» en lo que respecta a la preservación de la riqueza genética del vino.

El legado del Malbec

El destino del Malbec se reescribió en Argentina

Hoy el Malbec es la variedad emblemática de Argentina, admirada en todo el mundo por su color profundo y sus taninos texturados y sedosos. Durante siglos, este varietal originario de Cahors, Francia, fue una uva clave en la elaboración de los vinos de Burdeos, formando parte de los famosos First Growth que fueron clasificados en el 1855. Sin embargo, en su tierra natal de Francia el Malbec solía tener dificultades por enfermedades y una maduración irregular. La devastadora plaga de filoxera de la década de 1860 casi lo erradicó por completo. Al atacar la raíces vulnerables de las vides de vitis vinifera, la filoxera destruyó millones de hectáreas obligando a la industria vitivinícola mundial a injertar sus vides sobre portainjertos americanos resistentes a la plaga.
Afortunadamente, en 1853 —antes de que la plaga llegara a las regiones vitivinícolas europeas— el agrónomo francés Michel Aimé Pouget había introducido sarmientos de Malbec prefiloxéricos en Mendoza, Argentina. A altitudes entre 900 y 1.500 metros, las vides prosperaron bajo 300 días de sol al año, produciendo bayas más pequeñas pero llenas de un sabor intenso, algo difícil de lograr de manera consistente en Francia.

Estas vides fueron plantadas en un momento histórico decisivo, justo antes de la epidemia de filoxera. La gran altitud y el clima seco de Mendoza les resultaron perfectos.

— Laura Catena

A pesar de su éxito en este nuevo entorno argentino, el Malbec enfrentó una segunda amenaza de extinción, esta vez en la misma Argentina. Las bodegas, siguiendo las tendencias del mercado, estaban arrancando los antiguos viñedos de Malbec de bajo rendimiento para plantar variedades criollas más productivas o uvas para vinos blancos y rosados. Para la década de 1990, las plantaciones nacionales habían caído un asombroso 80 % desde su pico en la década de los sesenta. Fue en este período cuando visionarios como Nicolás Catena Zapata comenzaron a utilizar las vides prefiloxéricas restantes para elaborar vinos “world-class”, allanando el camino para el renacimiento global del Malbec.
El verdadero legado del Malbec en Argentina reside en los antiguos viñedos a pie franco (sin injertar), preservados durante generaciones por pequeños productores. A diferencia de los viñedos modernos clonales o policlonales, que son genéticamente uniformes, la mayoría de los antiguos viñedos argentinos están compuestos por selecciones masales que son genéticamente diversas. La variabilidad planta por planta en tiempos de maduración, tamaño de racimos y exposición al sol es la clave para producir vinos de texturas estratificadas, complejidad profunda y potencial de guarda excepcional. Estas selecciones masales van más allá del Malbec e incluyen históricas vides de Cabernet Sauvignon, Bonarda, Criollas y Torrontés. Contienen una inmensa diversidad genética, un recurso vital para el futuro de la viticultura.

Estas selecciones son un puente vivo hacia el pasado preindustrial del Malbec, ofreciendo un sabor del lugar que no se puede replicar.

— Laura Catena

Para el equipo de LUCA, preservar el legado de estas viñas viejas para las futuras generaciones implica resguardar el patrimonio genético irreemplazable dentro de nuestras plantas antiguas y cultivar el rico ecosistema biodiverso que las rodea. En el Catena Institute, este material vegetal se preserva activamente en una colección propia que incluye 135 sarmientos únicos de Malbec provenientes de sitios históricos como el Viñedo Angélica. A través de iniciativas como el “Proyecto de Preservación de Viñedos Antiguos y Genética”, los investigadores del Catena Institute trabajan para catalogar hasta 1.001 genotipos únicos de Malbec provenientes de parcelas centenarias. Muchos de los viñedos preservados pertenecen al grupo de productores de viñas viejas de LUCA.

Viñedos viejos en cifras

Argentina contiene lo que se cree es la mayor superficie de plantaciones massales sin injertar del mundo. La singularidad del patrimonio vitícola argentino, construido a lo largo de un siglo, se refleja mejor en los datos, que muestran la magnitud de este recurso histórico en comparación con el resto del mundo vitivinícola. Según Decanter, el país podría tener más de 150.000 hectáreas de plantaciones massales sin injertar.

Viñas plantadas
antes de 1970

  • Argentina: 25,564 ha

  • Resto del mundo:
    Datos variables

Viñedos masales (no clonales)

  • Argentina: 89.8%

  • Resto del mundo:
    < 5 % (aprox.)

Viñedos sin injertar

  • Argentina: 92%

  • Resto del mundo:
    Significativamente menos

PREGUNTAS Y RESPUESTAS SOBRE VIÑAS VIEJAS

Una viña vieja es como un artesano experimentado: tal vez produce menos fruta, pero su obra aporta un carácter irreemplazable. - Laura Catena

Generalmente como una planta con más de 25 a 50 años, según la fuente. Una vid que ha vivido tanto tiempo en un mismo lugar alcanza un nivel de equilibrio con su entorno que muchos piensan es esencial para elaborar vinos de la más alta calidad.

Es un método tradicional de propagación en el que se toman sarmientos de un viñedo patrimonial genéticamente diverso (evitando plantas enfermas) y se plantan en un nuevo sitio después de que enraízan en maseta. Este método antiguo preserva la diversidad genética de un lugar y la transfiere al nuevo viñedo. En plantaciones clonales, en cambio, se planta un único clon —uniforme— por sector.

La maduración ligeramente escalonada que surge de la selección masal brinda al viñedo mayor resistencia a heladas y eventos climáticos extremos. La variabilidad de planta a planta es clave para la producción de vinos complejos y longevos. No es casualidad que los mejores Malbec, Cabernet Sauvignon y Bonarda muchas veces provienen de viñedos masales a pie franco.

Es una planta de vitis vinifera que crece sobre sus propias raíces, no injertada sobre portainjertos de vitis americana (los portainjertos de vitis americana son usados en la mayoría de los viñedos del mundo fuera de la Argentina porque son resistentes a la filoxera). Las vides viejas a pie franco han demostrado mayor longevidad y menor susceptibilidad a ciertos virus.

La diversidad genera variabilidad natural en tiempos de maduración y tamaño de racimos dentro de una misma parcela, lo que aporta complejidad de sabor y capas de textura.

En añadas difíciles, los viñedos masales diversos de LUCA son los más resilientes: una helada primaveral causa menos daño cuando las plantas se encuentran en diferentes etapas fenológicas.

Porque suelen rendir un 50 % menos que las plantas jóvenes y tienen bayas más pequeñas, lo que aumenta la proporción piel/pulpa. Esto crea vinos más concentrados, tánicos, equilibrados y con gran capacidad de guarda.

Con los años, sus estructuras permanentes —tronco, brazos y raíces— se engrosan y almacenan más reservas de energía.

Estas reservas permiten un buen desarrollo radicular y ayudan a la planta a madurar su fruta incluso bajo estrés (sequías, calor). Sus raíces profundas (3 a 6 metros) acceden a agua y nutrientes inaccesibles para plantas jóvenes.

En Mendoza, el riego tradicional por inundación lleva agua de río a los viñedos a través de una compleja red de canales, favoreciendo el desarrollo de raíces profundas.

El riego por goteo entrega agua a cada planta de manera individual y es mejor para la conservación del agua. Si se maneja de manera cuidadosa, el riego por goteo también puede generar sistemas de raíces profundas, de 2 a 4 metros bajo tierra.

El policultivo replica los ecosistemas naturales sembrando diferentes especies juntas para promover biodiversidad y sostenibilidad.

Muchos viñedos de viñas viejas de LUCA están interplantados con olivos, membrillos, nogales y especies nativas. En el viñedo Scilipotti, por ejemplo, se cultivan tomates patrimoniales en un claro central.