¿Por qué importan?
Argentina es un reservorio global de viñedos antiguos, genéticamente diversos y a pie franco (sin injertar), un factor clave en la calidad y carácter de sus vinos. La misión de preservar las viñas viejas de Mendoza descansa sobre tres pilares fundamentales que trascienden los aspectos técnicos de la agricultura:
Sentimental
y ético
Una viña vieja es un ecosistema completo, una comunidad robusta de insectos, aves, hongos y microbios que han coexistido durante años.
Como un artesano experimentado, una vid vieja tal vez produce menos fruta, pero es un ser vivo de carácter irreemplazable, que contiene el conocimiento acumulado del suelo, el clima y las manos que la cuidaron durante décadas.
Cultural
Los antiguos viñedos de Mendoza son una fotografía de la vitivinicultura preindustrial.
Contienen selecciones masales prefiloxéricas que son vínculos vivos con nuestro patrimonio compartido. Mantenerlos es crucial para preservar una historia que, una vez arrancada la viña, se pierde para siempre.
Genético
La diversidad genética preservada en estas viñas viejas es un banco esencial para el futuro de la viticultura.
En un mundo donde los viñedos modernos son cada vez más uniformes, la biodiversidad es un recurso crítico. La mayoría de los viñedos de viñas viejas en Argentina se plantaron con selecciones masales, no con clones uniformes, lo que da como resultado una alta diversidad genética entre las plantas.
Frente al cambio climático, genes que permiten maduración más tardía o mayor resistencia a la sequía podrían ser vitales. En palabras del investigador sudafricano Etienne Neethling: «El Nuevo Mundo podría salvar al Viejo Mundo» en lo que respecta a la preservación de la riqueza genética del vino.
El legado del Malbec
El destino del Malbec se reescribió en Argentina
Estas vides fueron plantadas en un momento histórico decisivo, justo antes de la epidemia de filoxera. La gran altitud y el clima seco de Mendoza les resultaron perfectos.
— Laura Catena
Estas selecciones son un puente vivo hacia el pasado preindustrial del Malbec, ofreciendo un sabor del lugar que no se puede replicar.
— Laura Catena
Viñedos viejos en cifras
Argentina contiene lo que se cree es la mayor superficie de plantaciones massales sin injertar del mundo. La singularidad del patrimonio vitícola argentino, construido a lo largo de un siglo, se refleja mejor en los datos, que muestran la magnitud de este recurso histórico en comparación con el resto del mundo vitivinícola. Según Decanter, el país podría tener más de 150.000 hectáreas de plantaciones massales sin injertar.
Viñas plantadas
antes de 1970
Argentina: 25,564 ha
Resto del mundo:
Datos variables
Viñedos masales (no clonales)
Argentina: 89.8%
Resto del mundo:
< 5 % (aprox.)
Viñedos sin injertar
Argentina: 92%
Resto del mundo:
Significativamente menos
PREGUNTAS Y RESPUESTAS SOBRE VIÑAS VIEJAS
Una viña vieja es como un artesano experimentado: tal vez produce menos fruta, pero su obra aporta un carácter irreemplazable.
- Laura Catena
Generalmente como una planta con más de 25 a 50 años, según la fuente. Una vid que ha vivido tanto tiempo en un mismo lugar alcanza un nivel de equilibrio con su entorno que muchos piensan es esencial para elaborar vinos de la más alta calidad.
Es un método tradicional de propagación en el que se toman sarmientos de un viñedo patrimonial genéticamente diverso (evitando plantas enfermas) y se plantan en un nuevo sitio después de que enraízan en maseta. Este método antiguo preserva la diversidad genética de un lugar y la transfiere al nuevo viñedo. En plantaciones clonales, en cambio, se planta un único clon —uniforme— por sector.
La maduración ligeramente escalonada que surge de la selección masal brinda al viñedo mayor resistencia a heladas y eventos climáticos extremos. La variabilidad de planta a planta es clave para la producción de vinos complejos y longevos. No es casualidad que los mejores Malbec, Cabernet Sauvignon y Bonarda muchas veces provienen de viñedos masales a pie franco.
Es una planta de vitis vinifera que crece sobre sus propias raíces, no injertada sobre portainjertos de vitis americana (los portainjertos de vitis americana son usados en la mayoría de los viñedos del mundo fuera de la Argentina porque son resistentes a la filoxera). Las vides viejas a pie franco han demostrado mayor longevidad y menor susceptibilidad a ciertos virus.
La diversidad genera variabilidad natural en tiempos de maduración y tamaño de racimos dentro de una misma parcela, lo que aporta complejidad de sabor y capas de textura.
En añadas difíciles, los viñedos masales diversos de LUCA son los más resilientes: una helada primaveral causa menos daño cuando las plantas se encuentran en diferentes etapas fenológicas.
Porque suelen rendir un 50 % menos que las plantas jóvenes y tienen bayas más pequeñas, lo que aumenta la proporción piel/pulpa. Esto crea vinos más concentrados, tánicos, equilibrados y con gran capacidad de guarda.
Con los años, sus estructuras permanentes —tronco, brazos y raíces— se engrosan y almacenan más reservas de energía.
Estas reservas permiten un buen desarrollo radicular y ayudan a la planta a madurar su fruta incluso bajo estrés (sequías, calor). Sus raíces profundas (3 a 6 metros) acceden a agua y nutrientes inaccesibles para plantas jóvenes.
En Mendoza, el riego tradicional por inundación lleva agua de río a los viñedos a través de una compleja red de canales, favoreciendo el desarrollo de raíces profundas.
El riego por goteo entrega agua a cada planta de manera individual y es mejor para la conservación del agua. Si se maneja de manera cuidadosa, el riego por goteo también puede generar sistemas de raíces profundas, de 2 a 4 metros bajo tierra.
El policultivo replica los ecosistemas naturales sembrando diferentes especies juntas para promover biodiversidad y sostenibilidad.
Muchos viñedos de viñas viejas de LUCA están interplantados con olivos, membrillos, nogales y especies nativas. En el viñedo Scilipotti, por ejemplo, se cultivan tomates patrimoniales en un claro central.